Ø
Sócrates
• Filósofo griego del siglo V a.C. (el siglo del esplendor
de la democracia en algunas polis griegas, como Atenas). Vivió en Atenas, donde
enseñaba por las calles dialogando con los ciudadanos. No escribió nada, pero
conocemos su pensamiento a través de las obras de su discípulo Platón.
• Afirmó que el bien
del hombre consiste en alcanzar la virtud, que es la fuerza para ser bueno y
excelente persona habitualmente.
• Pero llegar a ser
virtuoso es algo que sólo puede conseguirse a través de la educación y la
sabiduría, pues como él decía “nadie hace el mal sino porque ignora lo que es
el bien”. El sabio e inteligente no puede ser malo. De ahí que los hombres
deban educarse, sólo de ese modo alcanzarán la virtud, y llegarán a ser buenos.
Esta postura filosófica se denomina 'intelectualismo moral'
Ø
Platón
• Discípulo de Sócrates. Funda en Atenas en el siglo V a. C.
una escuela llamada ‘La Academia’ donde se enseñaba Filosofía y otros saberes
considerados preparatorios como la Música, la Astronomía o las Matemáticas.
• Para Platón la virtud moral más importante es la Justicia,
que consiste en dar a cada uno lo que le corresponde, procurando equilibrio y
armonía entre lo que es diferente.
• La Justicia es
también la virtud política fundamental, es decir, el ideal al que debe
dirigirse la vida de la ciudad. Una ciudad será justa si las distintas clases
de individuos que la componen (gobernantes, guerreros y productores) viven en
armonía cumpliendo bien cada una su función correspondiente.
• Además, para
Platón, el bien individual (la vida buena de cada uno tomado aisladamente) no
puede alcanzarse más que dentro de una ciudad justa.
• Para que una ciudad
llegue a realizar la Justicia debe empezar por poner a la cabeza de ella, es
decir, en el gobierno, a los más sabios, que serán los más justos y, por ello,
los mejores gobernantes. Pues el mal es producto del no-saber, de la ignorancia.
Por lo tanto, deben gobernar los Filósofos, es decir, aquellos que dedican su
vida a la sabiduría y al ejercicio de la inteligencia. Principales teorías
éticas
Ø
Aristóteles
• Discípulo de Platón. Vivió también en Atenas en el siglo
IV a. C. En esta ciudad fundó un centro de investigación experimental y de
enseñanza de Filosofía llamado ‘El Liceo’.
• Afirmó que el bien último que todos los hombres buscan con
sus actos es la eudaimonía, es decir, la felicidad. (La ética aristotélica ha
sido llamada ética eudemonista)
• Pero, ¿qué proporciona al ser humano una verdadera
felicidad?: Desarrollar, lo más plenamente que sus capacidades se lo permitan,
aquello que le distingue y le hace superior al resto de los seres, es decir,
desarrollar la Razón o Inteligencia.
• Únicamente el
cultivo de la Razón proporciona la virtud fundamental e imprescindible para ser
feliz: la Prudencia, que es el hábito intelectual que nos permite saber elegir
siempre la acción que es el ‘termino medio’ más adecuado a nuestra vida. Así,
por ejemplo, ser valiente es un término medio entre la cobardía y la temeridad;
ser generoso es un término medio entre la tacañería y el despilfarro, etc.
• La felicidad
propiamente humana consiste, por tanto, en el cultivo de la propia capacidad
racional o inteligencia.
• Ahora bien, ese
cultivo sólo puede realizarse verdaderamente en sociedad, mediante el diálogo
con otros seres racionales semejantes.
Ø
Epicuro
• Corriente filosófica iniciada por Epicuro en el siglo IV
a. C., quien funda en Atenas una escuela de filosofía llamada ‘El Jardín’.
• El epicureísmo
considera el placer como el bien primario y natural que persiguen las acciones
del hombre.
• El placer es
entendido como ‘ausencia de dolor’. Por ello, no es deseable cualquier placer,
pues algunos causan dolor una vez pasados. De ahí que deba cultivarse la
inteligencia: para discernir qué placeres nos convienen.
• El grado más alto
de placer es la ataraxia, es decir, la perfecta tranquilidad del ánimo o tener
un espíritu no turbado por ninguna pasión ni acontecimiento.
• Epicuro admite que
el bien puede alcanzarse individualmente, pero que el más perfecto sólo se
consigue gracias a la amistad, la filía.
Ø
Zenón de citio
• Corriente filosófica iniciada por Zenón de Citio, quien en
el año 300 a. C. funda en Atenas una escuela de filosofía llamada ‘La Stoa’.
• Zenón defiende un
determinismo cósmico según el cual todo lo que ocurre está predeterminado por
el Lógos o Razón universal. De ahí que la actitud más razonable del sabio sea
la de aceptar el destino.
• Sólo aceptando que todo lo que ocurre, sea lo que sea, es
racional y justo porque así lo quiere la providencia cósmica, puede el hombre
obtener la tranquilidad del ánimo (ataraxia) y la felicidad (eudaimonía)
propias del sabio.
• La infelicidad proviene de las pasiones que hacen que nuestra
Razón se equivoque al desear que las cosas sean de un modo distinto a como la
providencia lo determina.
• La virtud necesaria
para alcanzar la felicidad es la apatía, la ausencia de pasiones y la
aceptación del orden de la naturaleza. Por ello, la ética estoica es
considerada como una ‘ética de la resignación y del autodominio’.
Ø
Stuart mil
• Corriente filosófica iniciada por Zenón de Citio, quien en
el año 300 a. C. funda en Atenas una escuela de filosofía llamada ‘La Stoa’.
• Zenón defiende un
determinismo cósmico según el cual todo lo que ocurre está predeterminado por
el Lógos o Razón universal. De ahí que la actitud más razonable del sabio sea
la de aceptar el destino.
• Sólo aceptando que todo lo que ocurre, sea lo que sea, es
racional y justo porque así lo quiere la providencia cósmica, puede el hombre
obtener la tranquilidad del ánimo (ataraxia) y la felicidad (eudaimonía)
propias del sabio.
• La infelicidad
proviene de las pasiones que hacen que nuestra Razón se equivoque al desear que
las cosas sean de un modo distinto a como la providencia lo determina.
• La virtud necesaria
para alcanzar la felicidad es la apatía, la ausencia de pasiones y la
aceptación del orden de la naturaleza. Por ello, la ética estoica es
considerada como una ‘ética de la resignación y del autodominio’.
Ø
Maz Scheler
La ética de los valores.
• Corriente de filosofía moral iniciada por el alemán Max
Scheler (1874-1928).
• Una acción es buena si es capaz de realizar un valor.
• Los valores son
cualidades objetivas e intemporales que el hombre sólo puede captar mediante el
sentimiento, es decir, no gracias a la razón, sino mediante una intuición
emocional.
• Rechaza el
relativismo moral y sostiene que aunque históricamente cambian las costumbres y
los juicios sobre los valores, éstos son absolutos, objetivos e intemporales.
• Los valores existen
dentro de una jerarquía, es decir, están organizados por orden de importancia
del siguiente modo: los menos importantes son los valores sensibles (regidos
por el principio de agradable-desagradable), luego estarían los valores espirituales,
como los estéticos y los cognoscitivos (regidos respectivamente por el
principio de bello-feo y verdadero-falso) y por último estría el valor supremo
de lo santo, cuya realización es el ideal ético de Scheler.
Ø
Kant
• I. Kant es un filósofo alemán del siglo XVIII que propuso
la primera ética formal.
• Para Kant, una acción es moralmente buena, no por los
resultados o bienes materiales concretos que la acción intente alcanzar, aunque
sean buenos, sino por la intención con que ha sido hecha.
• Lo único que
podemos llamar realmente bueno es una buena voluntad, y 'buena voluntad' es
aquella que actúa no para conseguir algo, sino por considerar que es su deber
actuar del modo en que lo ha hecho.
• Actuar por deber, sin ninguna otra consideración más, es
lo que caracteriza a una buena voluntad.
• El imperativo (=mandato moral) de la ética kantiana dice
lo siguiente: “Obra de tal manera que tu acción quieras que llegue a
convertirse en norma universal de comportamiento”.
Ø
J.P. Sartre
La ética existencialista.
• El representante más significativo del existencialismo
francés es Jean-Paul Sartre (1905-1980).
• No hay valores eternos ni absolutos escritos en algún
mundo ideal; de ahí que la existencia humana individual se vea enfrentada
constantemente a la obligación de tener que elegir en cada momento qué hacer en
la vida y con su vida.
• Para Sartre, la
angustia es un rasgo básico de la vida humana que está "condenada a ser
libre", es decir, está enfrentada permanentemente a la tarea de tener que
decidir cómo vivir y en cada decisión que toma le va la vida. Y si alguien
trata de ocultarse a sí mismo el hecho de que lo que somos es siempre
consecuencia de nuestras decisiones, estaría cayendo en la mala fe
(=autoengaño). [Veremos esto con más detenimiento en la siguiente diapositiva]
• Lo que convierte a una
acción en auténticamente moral es que se realice desde la más radical libertad
personal. Ahora bien, toda acción individual moralmente buena ha de incluir de
algún modo a toda la humanidad, no porque haya valores morales absolutos que
deban respetarse, sino porque el hombre es, lo quiera o no lo quiera, una
conciencia abierta a la comprensión de los otros, sin los cuales la vida
individual ni siquiera existiría ni llegaría a ser humana.
Conducta Auténtica: la que asume la libertad consustancial a
nuestra vida y a todas sus decisiones. Conducta De Mala Fe: la que intenta
esconder la responsabilidad y autoría de los propios actos. La mala fe es una
forma de mentira. Sartre nos pide que distingamos dos tipos de mentiras:
• la “mentira a
secas”: es el engañar a los demás; puede sernos útil en nuestro trato con las
cosas. • la mala fe: es la mentira inmanente, el autoengaño; en ella nos
engañamos a nosotros mismos.
Con esta conducta nos intentamos ocultar el hecho
insoslayable de nuestra libertad, el ser radicalmente libres, el hecho de que
lo que hacemos y lo que somos es siempre consecuencia de nuestra decisión. La
conducta de mala fe es la conducta por la que nos tratamos como cosas: el rasgo
fundamental de las cosas es el de no ser sujetos, el de ser lo que son como
consecuencia de algo ajeno a ellas mismas, el no ser dueñas o autoras de sí
mismas, y así precisamente nos tratamos cuando vivimos en la mala fe.
Sartre dice lo
siguiente: nuestro ser se agota en lo que hacemos, no existen talentos ocultos
o posibilidades de ser otra persona que hayamos desperdiciado porque las
circunstancias han sido adversas. Este pensamiento puede ser muy difícil de
aceptar, particularmente cuando las cosas no nos salen como esperábamos. Para
aliviar nuestra conciencia podemos hacer a los demás responsables de lo que nos
pasa, podemos creer que era inevitable –física, psicológica o socialmente
inevitable– ser como somos o tener lo que tenemos; al valorar nuestra
existencia podemos alegar que ha sido el destino, o nuestra circunstancia, o la
propia sociedad la responsable de lo que somos; cuando hacemos esto, cuando
“nos buscamos excusas” para hacer más llevadero nuestro presente, tenemos
conducta de mala fe. La mala fe también aparece incluso en la siguiente
elección: cuando elegimos no elegir, cuando renunciamos tomar una decisión, o
nos excusamos indicando que no podemos menos de hacer lo que hacemos,.
Para ilustrar la mala fe pone en “El ser y la nada” los dos
ejemplos siguientes:
• dos jóvenes están sentados en un café; ella sabe que el
hombre intenta seducirla, la charla avanza y él toma la mano de la joven. Pero
la mujer no responde, deja estar las cosas, ni retira la mano ni confirma la
intención del hombre, evita tomar una decisión (aceptar o rechazar la
insinuación) dejando su mano en la de él como si realmente no fuese consciente
de la situación: se trata a sí misma como un objeto, como algo pasivo, como si
no fuese protagonista, como si le ocurriesen las cosas y no fuese propiamente
libre;
• un camarero sirve a los clientes con excesivo celo, con
excesiva amabilidad; asume tanto su papel de camarero que olvida su propia
libertad; pierde su propia libertad porque antes que camarero es persona y
nadie puede identificarse totalmente con un papel social.
Ø
A.J. Ayer
quien critica el intuicionismo de Moore, proponiendo un
emotivismo: para Ayer, cuando alguien dice que una acción es buena, no está
intuyendo cierta bondad objetiva en la acción, sino que en realidad sólo está
expresando la emoción o sentimiento agradable que le produce observarla
tratando de persuadir a los demás para que sientan lo mismo.
Ø
R. hare
Defiende el prescriptivismo universal: el lenguaje moral no
pretende ser persuasivo ni alcanza a expresar qué es el bien moral gracias a
alguna especial intuición, sino que sólo alcanza a ser prescriptivo, es decir,
a ordenar mediante enunciados imperativos qué conducta deben realizar todos, y
ello según ciertos valores que previamente han sido elegidos de acuerdo con la
razón por su carácter universalizable. Esto distingue la norma moral (que
aspira a ser universal) de la norma jurídica (que siempre es de un país o de
una época).